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El desesperado ruego de una enfermera salteña: necesitan respiradores, insumos y más personal para enfrentar el coronavirus


El desesperado ruego de una enfermera salteña: necesitan respiradores, insumos y más personal para enfrentar el coronavirus


Ramona Riquelme es enfermera en el hospital de Orán, ciudad ubicada en el extremo norte del país. En una cruda y conmovedora entrevista con Luis Mino por Aire de Santa Fe, contó la dramática situación que viven en el nosocomio a causa del coronavirus y pidió recursos e insumos para evitar más muertes.


“Morir de covid es como si alguien te agarra del cuello y te asfixia: sentís que el aire no te entra, hasta que te ponés azul, abrís los ojos grandes, desorbitados, buscando ayuda, pero nada se puede hacer, y finalmente te da un paro cardíaco”. Ramona Riquelme es enfermera en el Hospital de Orán, en Salta, y puede describir con precisión cómo es fallecer por coronavirus porque observa esa atroz escena varias veces al día. La falta total de recursos sanitarios en una de las zonas históricamente más olvidadas del país agrava minuto a minuto la tragedia desatada por la pandemia.

En una cruda y conmovedora entrevista con Luis Mino por Aire de Santa Fe, la enfermera contó la dramática situación que viven en el nosocomio de dos meses a esta parte. No es la primera vez que Ramona desnuda lo que está pasando: días atrás habló con un canal de Buenos Aires y reveló que en el Hospital de Orán estaban trabajando con sólo cuatro respiradores, de los cuales dos estaban fallando, y que ante la enorme cantidad de pacientes críticos por coronavirus debían elegir a quién otorgarle la asistencia respiradora mecánica. “Cuando se difundió lo que yo había contado, el gobernador mandó seis respiradores”, precisó.

De los ocho respiradores que funcionan correctamente, en este momento cuatro están ocupados con pacientes que son integrantes del personal de salud y se infectaron de coronavirus trabajando. “Nosotros nos contagiamos porque no tenemos los elementos de bioseguridad necesarios. A nosotros el gobierno no nos tiene en cuenta”, denunció Ramona, con mucho dolor en su voz pero con la convicción de alguien que ha dedicado toda su vida a la salud pública y que conoce al pormenor los “teje y maneje” de las sucesivas conducciones políticas respecto a la sanidad.

“A las enfermeras monotributistas les pagan 13.000 pesos, y hacen el mismo trabajo que yo que tengo antigüedad, recibo de sueldo y ART. Y yo, con todo eso, tengo que pasarme los días enteros en el hospital, incluyendo sábado y domingo, para poder hacer horas extras y llega a un sueldo de 35.000 pesos” reveló, dando un ejemplo claro y palpable de la situación de pobreza que vive hace años el personal de salud”.

En este contexto de carencias generalizadas, la muerte se ha vuelto moneda corriente en el hospital de Orán. “Hay días que se sacan hasta 11 cadáveres, porque teníamos sólo cuatro respiradores y había que elegir a quién dárselos. Y esa es una carga que siempre vamos a llevar en nuestra alma las enfermeras, porque el ministro de Salud de esto ni se entera. Creo que ya debemos ir por los 70 fallecidos”, se lamentó la entrevistada y, a modo de ejemplo, contó que en la madrugada murieron dos pacientes, uno de ellos alguien muy querido en la región: se trata de Roberto “Ucucha” Franco, que integraba el grupo folclórico “Las Voces de Orán”.

Roberto

Roberto “Ucucha” Franco, integrante de Las Voces de Orán

La realidad del hospital es realmente dramática y Ramona la describe sin suavizarla: “El hospital está colapsado, prácticamente no se atiende otra cosa que no sea covid. Se ha utilizado incluso parte del área de maternidad, las mamás que tienen cesárea a los dos días se tienen que ir a su casa con la herida porque no hay lugar para que se queden, se trabaja a cama caliente. No tenemos insumos básicos como heparina, ni los sedantes necesarios para poder intubar a los pacientes. A veces se despiertan mientras están intubados porque el sedante no fue suficiente y se desesperan. En Orán no tenemos ni siquiera ambulancias. Hemos pasados otras crisis, como fue la epidemia de cólera años atrás, y la hemos podido superar. Pero esta pandemia nos encontró totalmente sin recursos. Esa es la realidad que vivimos en el norte argentino, a 300 kilómetros de la ciudad de Salta”, enumeró la enfermera, en un relato ininterrumpido que dejó sin respiración tanto a su autora como a quienes la escuchaban.

“No tenemos los sedantes necesarios. A veces los pacientes se despiertan mientras están intubados porque el sedante no fue suficiente y se desesperan”

La ciudad de Orán (capital del departamento homónimo) es la segunda más poblada de Salta: según el Censo Nacional del 2010, tiene 82.413 habitantes, aunque se supone que ese número ha aumentado en la última década. El hospital no sólo atiende a los pacientes locales: también recibe a personas de toda la región, que provienen de ciudades como Tartagal, Chaco Salteño, Embarcación, Pichanal y Santa Rosa y que llegan, en palabras de la entrevistada, “prácticamente muertos”. En esos momentos, la falta de personal de salud es crítica: “Hay momentos en que tenemos dos cuadras de gente esperando para que la atiendan, pero la realidad es que tenemos un equipo de apenas dos médicos de guardia y siete u ocho enfermeros. Hay gente que se descompone, se arrodilla tosiendo y se descompensa o se muere en la fila de espera“, denunció.

Orán se ubica a 300 kilómetros de la capital de Salta y a 30 kilómetros de la frontera con Bolivia

A esa enorme demanda, se suman familias bolivianas que cruzan la frontera (ubicada a sólo 30 kilómetros) atravesando el río Bermejo de a pie, buscando en territorio argentino la ayuda sanitaria inexistente en su país. “La ciudad de Bermejo está en estado de calamidad, y por eso parece que algunos pacientes que se cruzaron a hacerse atender acá también trajeron el virus y agravaron la pandemia”, explicó Ramona, aunque sin ningún tipo de resentimiento: ella –como todas las personas que viven en zona de frontera y están acostumbradas al intercambio binacional– habla de “los hermanos bolivianos” y entiende que cualquier padre o madre haría lo que fuera por un hijo enfermo.

“Hay momentos en que tenemos dos cuadras de gente esperando. Hay personas que se descomponen, se arrodillan tosiendo y se descompensan o mueren en la fila de espera”

Hasta el reporte nacional de este jueves, la provincia de Salta registraba 5.470 casos de coronavirus, de los cuales 925 correspondían a Orán. Sin embargo, el número real de contagiados supera muchas veces a la cifra oficial. La falta de testeos es otro de los problemas que enfrenta el personal de salud a la hora de abordar la pandemia: “En todas las casas de Orán hay covid y no tenemos kits para hisopar. Ayer trajeron para hacer 15 hisopados y nosotros somos más de 100.000 habitantes, qué vamos a hacer con 15 hisopados”, reclamó Ramona y advirtió que en Orán realizar el test en un laboratorio privado cuesta 9.000 pesos, un precio inaccesible para gran parte de la población.

“El que tiene plata va a Salta capital y paga para ponerse plasma y oxígeno, el que no tiene plata se muere”

“En el norte argentino hay una gran desigualdad: el que tiene plata va a Salta capital y paga para ponerse plasma y oxígeno, el que no tiene plata se muere” reclama Ramona e insiste en que “el norte está olvidado” y no sólo en cuestiones sanitarias. Hacia el final de la entrevista, la enfermera habló de la desocupación y la pobreza endémica e histórica, de las comunidades wichís que fallecen desde hace años por desnutrición y tuberculosis, de la falta de agua potable y del sometimiento y la discriminación que practican las empresas extranjeras con los obreros y peones locales. “Orán es lindo, es cálido, somos gente que queremos a nuestra tierra y a nuestra comunidad. Si usted viene a mi casa, yo le voy a dar todo lo mejor que tenga. Siempre fuimos felices con poco, pero en esta situación sentimos que ya no podemos seguir”, concluyó la enfermera.

La esperanza de Ramona es que la visibilización de esta atroz realidad que viven a diario en el hospital de Orán llegue hasta las autoridades que tienen la capacidad y el deber de hacer algo al respecto: la gobernación de Salta –encabezada por Gustavo Sáenz–, el Ministerio de Salud de la Nación –a cargo de Ginés González García– y el propio presidente de la Nación, Alberto Fernández.


Fuente: airedesantafe.com


 

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